LA FAMILIA FORMADORA
EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS
SUBSIDIOS FORMATIVOS
DE PREPARACIÓN
TEMA 07
LOS VALORES DE LA CORPOREIDAD HUMANA:
Educación de la sexualidad, afectividad,
complementariedad entre hombre y mujer.
Paternidad y maternidad.
Objetivos:
• Reconocer la dignidad del cuerpo, templo del
Espíritu Santo.
• Valorar la sexualidad como un don de Dios.
• Ejercer la maternidad y la paternidad de manera
integral, en su dimensión corporal y espiritual.
1. Oración
Señor, te pedimos por las familias del mundo,
que reconozcan su nobilísima e ineludible misión
de educar en el amor, para formar hombres y mujeres
que respeten la vida.
2. Lectura bíblica
“Entonces dijo Dios: Hagamos al ser humano a
nuestra imagen, como semejanza nuestra (…).
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya,
a imagen de Dios le creó; varón y hembra
los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles
Dios: «Sean fecundos y multiplíquense
y llenen la tierra y sométanla» (Gn 1,
26-28).
3. Desarrollo del tema
Sexualidad humana.
Dios nos creó a su imagen, hombre y mujer,
y de ahí se deriva la sexualidad humana; dos
formas distintas de ser igualmente persona humana.
La sexualidad de la persona humana “consiste
en el conjunto de características físicas,
psicológicas y racionales que la constituyen
como varón o mujer”. El ser humano se
relaciona con el otro, con el mundo y con Dios, de
la manera que le es propia, como hombre o como mujer:
en una actitud de admiración, de comprensión,
viviendo una reciprocidad complementaria. La unidad
del hombre y la mujer ofrece una mayor posibilidad
de perfeccionamiento. La misión de los dos
es devolver al Creador a esta mujer y a este hombre
más perfectos que cuando se recibieron el uno
al otro.
Educación de la sexualidad.
Se requiere de una educación de la sexualidad
adecuada, gradual, iniciando en la niñez, de
manera integral, abarcando todos los aspectos de la
personalidad: biológico, emocional, psicológico,
racional y moral; basándose, también,
en la educación de la libertad y del amor.
Siendo la sexualidad un don dado a la persona, tiene
el sentido de ser don para otra persona. El ejercicio
de la sexualidad no es centrado en el yo, sino en
el otro y precisamente sólo para esa persona.
Una buena educación de la sexualidad de los
hijos parte de que la sexualidad es algo bueno que
participa de la dignidad de la persona. La lógica
del amor en el marco de la ley natural inscrita en
el corazón de cada uno, ofrece una ética
que guía su ejercicio y le propone un camino
respetuoso conforme a la misma naturaleza humana.
La familia es la primera responsable de la formación
afectiva de los hijos. Hay que educarlos en las virtudes
humanas relacionadas con el correcto ejercicio de
la sexualidad: la prudencia, la templanza, la justicia,
la fortaleza, el respeto, la castidad, el pudor.
Los padres han de educar a sus hijos para el amor,
enseñándoles a dar y recibir, a preferir
el bien del otro antes que el propio, a respetarse
a sí mismos y a respetar a las otras personas.
Las consecuencias del desorden en el uso de la sexualidad
están a la vista. Nunca habían proliferado
tanto como ahora las enfermedades de transmisión
sexual, así como los casos de adolescentes
embarazadas y de abortos. Cuando no se educa correctamente
la sexualidad deriva en formas de violencia, de posesión,
de dominio o búsqueda egoísta del placer.
Fines de la sexualidad.
Dios ha hecho participar al hombre y a la mujer de
su poder creador de dar la vida, haciéndolos
co-creadores con Él. Dar la vida es hacer del
hombre y la mujer «una sola carne», un
solo ser y dar origen a una nueva vida. Los esposos,
a través de su sexualidad, se dan vida el uno
al otro, y dan vida a su matrimonio. Así se
ayudan a recorrer el camino personal que lleva a cada
uno a realizarse en plenitud. Hay una comunión
espiritual que se encarna en la relación íntima.
Los esposos deben buscar hacer de la relación
sexual una manifestación de amor, de ternura,
de confianza, de aceptación del otro, de entrega
sincera.
El amor es difusivo y por eso, los esposos tienden
naturalmente a llamar a la vida a un nuevo ser para
hacerle partícipe de su amor y de la posibilidad
de ser eternamente felices en el Cielo, seguros de
la fuerza de la Providencia de Dios. Estar abiertos
a la vida es una concepción muy rica de la
existencia, hace referencia al gozo de vivir y de
hacer vivir. Los esposos deben transmitir no sólo
vida física, sino la del espíritu. El
número de hijos debe decidirse por la pareja
de modo responsable y de cara a Dios para evitar que
el egoísmo, y el materialismo no se apoderen
de la pareja. A la cultura de la vida se opone la
“cultura de la muerte” que ve en los hijos
una amenaza y forma en el hombre y la mujer una mentalidad
contraceptiva por medios artificiales como pastillas,
dispositivos, operaciones, etc. Como familias al servicio
de la vida, hay que tener clara la verdad cristiana
sobre la vida que debe ser respetada desde su concepción
hasta la muerte natural. El hijo no es “un derecho”
sino un don de Dios para no recurrir a métodos
artificiales de concepción en laboratorio.
Nos debe quedar claro que no se puede recurrir nunca
al aborto. La Iglesia, que como madre comprende, y
como maestra enseña la verdad acerca de la
vida, recomienda la regulación natural con
métodos que respetan la dignidad de la persona
y el amor conyugal.
4. Caso o hecho de vida
Una canción francesa dice: «Si partes
para la guerra, reza una oración; si vas por
la mar incierta, reza dos oraciones; pero cuando celebres
tu boda, reza lo más que puedas». Entre
bromas, la canción dice algo muy profundo:
que los que se casan necesitan una especial asistencia
divina, y que la deben solicitar mediante la oración.
Fundar un hogar supone aceptar la responsabilidad
de educar cristianamente unos hijos.
5. Reflexión y diálogo
• ¿El respeto total mutuo en la entrega
física de los novios, constituye uno de los
criterios principales para saber si conviene comprometerse
de por vida el uno a la otra?
• ¿Contribuye al bien de la persona humana,
del matrimonio, de la familia y de la sociedad, el
que se viva la castidad en el matrimonio?
• ¿Por qué los hijos son don preciosísimo
del matrimonio y contribuyen en gran medida al bien
de los padres? ¿Cuáles son los motivos
humanos y cristianos?
• ¿Cuál es la conexión
de la difusión de los medios anticonceptivos
con la disolución de las familias? ¿La
continencia periódica ayuda al amor entre los
cónyuges?
6. Textos de apoyo
“El cuerpo es una palabra, un lenguaje. ¡Qué
maravilla y qué riesgo al mismo tiempo! ¡Muchachos
y muchachas, tened un gran respeto de vuestro cuerpo
y del cuerpo de los demás! ¡Que vuestro
cuerpo esté al servicio de vuestro “yo”
profundo! ¡Que vuestros gestos, vuestras miradas,
sean siempre el reflejo de vuestra alma!”. (Discurso
de Juan Pablo II a los jóvenes en París.
1980).
“Pero el matrimonio no ha
sido instituido solamente para la procreación,
sino que la propia naturaleza del vínculo indisoluble
entre las personas y el bien de la prole requieren
que también el amor mutuo de los esposos mismos
se manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente.”
(Discurso de Pablo VI a los Equipos de Nuestra Señora
en Roma. 1970).
“Pero entre las condiciones
necesarias está también el conocimiento
de la corporeidad y de sus ritmos de fertilidad. En
tal sentido conviene hacer lo posible para que semejante
conocimiento se haga accesible a todos los esposos,
y ante todo a las personas jóvenes, mediante
una información y una educación clara,
oportuna y seria, por parte de parejas, de médicos
y de expertos. El conocimiento debe desembocar, además,
en la educación al autocontrol; de ahí
la absoluta necesidad de la virtud de la castidad
y de la educación permanente en ella. Según
la visión cristiana, la castidad no significa
absolutamente rechazo ni menosprecio de la sexualidad
humana: significa más bien energía espiritual
que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo
y de la agresividad y sabe promoverlo hacia su realización
plena.” [Juan Pablo II. Exhortación Apostólica
Familiaris Consortio (Sobre la misión de la
familia cristiana en el mundo de hoy). 1981].
7. Síntesis conclusiva
• Aunque los hijos y los padres estamos mucho
mejor informados que antes, seguimos sin contar con
una verdadera educación en este tema y recibimos
otras influencias, sobre todo de los medios de comunicación
que suelen ser deformadoras.
• La entrega sexual entre los esposos, debe
ser encuentro. Ahí es en donde los padres tienen
que transmitir su experiencia de amor. Educar en la
sexualidad es educar para el amor. El amor de los
esposos es la base de toda educación sexual.
Todos fuimos llamados por este amor y este amor es
la raíz de nuestra existencia. Los hijos deben
asimilar con naturalidad que los padres son esposos,
que tienen una vida sexual.
• Educar en la sexualidad es prepararnos para
actitudes del don de sí, de comprensión,
de apertura, que permita una entrega sexual más
plena, sin egoísmo y con la intención
de comprometerse en un proyecto conyugal estable.
• Hay que tener en cuenta que los comportamientos
sexuales no son asunto privado. Tienen una dimensión
social y, para el cristiano, una dimensión
eclesial. La regulación natural ayuda a buscar
la verdadera finalidad de la sexualidad, a orientarla
por encima del egoísmo.
• Educar en la sexualidad es tener una actitud
crítica frente a la propaganda sesgada de los
medios de comunicación, que ridiculiza a la
pareja estable y hace un absoluto de todo encuentro
sexual fortuito.
8. Compromiso
• Difundir la sana doctrina sobre la sexualidad.
• Valorar la dignidad del cuerpo humano contra
todo abuso o uso impropio.
9. Oración final
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo
y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que
en cada familia humana sobre la tierra se convierta,
por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de
Mujer", y del Espíritu Santo, fuente de
caridad divina, en verdadero santuario de la vida
y del amor para las generaciones porque siempre se
renuevan. Haz que las jóvenes generaciones
encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad
y su crecimiento en la verdad y en el amor. Haz que
el amor, corroborado por la gracia del sacramento
del matrimonio, se demuestre más fuerte que
cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que
a veces pasan nuestras familias. Tú, que eres
la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo
y del Espíritu Santo. (Oración por la
familia, Juan Pablo II).
10. Glosario
• Contracepción: Acción y efecto
de impedir la concepción.
• Hedonismo: Búsqueda del placer como
fin supremo de la vida.
• Difusivo: Que tiene la propiedad de difundir,
de extender, de derramar.
11. Bibliografía
• Sagrada Congregación para la Doctrina
de la Fe. Declaración acerca de ciertas cuestiones
de ética sexual. 1975.
• Juan Pablo II. Exhortación Apostólica
Familiaris Consortio (Sobre la misión de la
familia cristiana en el mundo de hoy). 1981.
• Juan Pablo II. Carta Encíclica Evangelium
Vitae (Sobre el Evangelio de la vida). 1995.
• Pablo VI. Carta Encíclica Humanæ
Vitae (Sobre la regulación de la natalidad).
1968.
• Pontificio Consejo para la Familia. Sexualidad
humana: Verdad y significado. Orientaciones educativas
en familia, Alfonso Cardenal López Trujillo.
1995.
• Catecismo de la Iglesia Católica.
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