LA FAMILIA FORMADORA
EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS
SUBSIDIOS FORMATIVOS
DE PREPARACIÓN
TEMA 06
LOS VALORES DEL DOMINIO DE SÍ:
Fortaleza, esperanza,
señorío de sí, tolerancia, paciencia,
prudencia, trabajo,
laboriosidad, autoridad, orden.
Objetivos:
• Definir los valores del dominio de sí.
• Practicarlos con la ayuda de los miembros
de la familia.
• Difundirlos, dentro y fuera de la familia,
con el ejemplo y el consejo.
1. Oración
Padre Santo ilumina a los padres de familia, primeros
evangelizadores de los hijos, para que ayuden a sus
hijos a construir un universo moral enraizado en la
voluntad de Dios, de manera que crezcan en los valores
humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida.
2. Lectura bíblica
“<<Todo me es lícito>> dicen
algunos. Sí, pero no todo es conveniente. Y
aunque todo me sea lícito, no me dejaré
dominar por nada” (I Cor 4,12).
3. Desarrollo del tema
El dominio de sí es la capacidad de hacer que
las diversas dimensiones de la propia personalidad
estén ordenadas de acuerdo al verdadero bien
propio y de los demás.
La importancia del dominio de sí, nos puede
sonar fuera de lugar, cuando estamos preocupados por
el dominio de lo que nos rodea, y en ocasiones, el
dominio del otro. Nuestra época es de casi
total permisividad, de no negarnos nada. Esto nos
hace olvidar lo importante que es para el sano desarrollo
de la persona y la comunidad el forjar hombres y mujeres
capaces de alcanzar el dominio de sí mismos.
El autodominio consiste en el señorío
del hombre sobre su cuerpo y sobre su psique, desde
la libertad. El autodominio no es un cultivo egocéntrico,
sino el esfuerzo por ser libre para mejor servir.
Corremos el riesgo de ser dominados por las cosas,
en vez de usarlas para nuestro bien y de cara a las
personas debemos servirlas mediante el amor. El dominio
de sí es un valor que los padres transmiten
a los hijos, sobre todo por el ejemplo cotidiano,
aún sin pretenderlo. No se educa por lo que
se quisiera hacer o decir, sino por lo que de hecho
decimos o hacemos. A continuación presentamos
algunas virtudes para alcanzar el dominio de nosotros
mismos.
Templanza
Templanza es el hábito que pone por obra el
orden interior del hombre, dado que a partir del pecado
original hay una tendencia a amarse a sí mismo
más que a Dios. Su efecto en el alma es una
paz profunda. La templanza se manifiesta en distintas
formas: La modestia inclina a la persona humana a
comportarse correctamente en lo exterior e interior,
por ello afecta al vestido, al modo de tratar a los
demás, etc. La humildad modera la tendencia
a la autoexaltación, dando el justo conocimiento
de uno, principalmente ante Dios. La sobriedad mantiene
el orden de la comida y de la bebida como un don de
Dios, y aconseja la bendición de la mesa y
la acción de gracias después de la comida.
Orden
El orden como virtud significa actuar de acuerdo con
unas normas para el logro de algún objetivo,
en la organización de las ideas y de las cosas,
en la distribución del tiempo y la realización
de las actividades. Requiere entrenamiento, esfuerzo
y sacrificio. Ordenar nuestras ideas demanda reflexión
y vencer la distracción. Ordenar las cosas
implica establecer un lugar para cada cosa. Y ordenar
el tiempo significa darle tiempo a lo importante y
necesario y posponer lo meramente atractivo. El orden
debe ser gobernado por la prudencia, para no convertirse
en una manía que provoque conflictos con otros.
El orden optimiza los recursos. Es una forma de dar
gracias a Dios por los dones recibidos.
Laboriosidad
La laboriosidad es la virtud por la que se lleva a
cabo lo necesario para el cumplimiento de los deberes.
Normalmente asociamos la laboriosidad con el trabajo,
que implica obligación, disciplina, productividad
y logro de un fin. La laboriosidad tiene que ver con
los deberes cotidianos, en el hogar, la familia, la
Iglesia y como hijos de Dios. Implica realizar todo
con generosidad, afán de servicio y deseando
agradar a Dios. Podemos caer en dos vicios contrarios
a la laboriosidad: la pereza y el activismo. La pereza
no es sólo no hacer nada, sino dejar de hacer
algo por ser costoso. Podemos ser falsamente laboriosos
cuando el trabajo es un refugio ante otros deberes.
Fortaleza
La fortaleza es la virtud que resiste a las dificultades
y acomete empresas grandes. Vivir la fortaleza significa
una suma de esfuerzos, que llegan a ser una muestra
de amor. Hay que educar a los hijos a ser fuertes
para vivir el bien y evitar que orienten su energía
al mal. Esta firmeza se manifiesta en el trabajo,
en la vida familiar, ante el dolor y la enfermedad,
ante los desánimos, apoyados en Dios nuestro
Padre que permanece junto a sus hijos. El martirio
es la mayor expresión de la fortaleza. El Señor
no pide a todos los cristianos que derramen su sangre,
pero sí la entrega de la vida, en el cumplimiento
del deber, siendo coherentemente cristianos, en ambientes
difíciles.
Paciencia
La paciencia es la capacidad de soportar algo sin
alterarse. Hace a las personas tolerar, comprender
y soportar los contratiempos. Ser pacientes no significa
ser débiles, por ejemplo, no se trata de no
corregir cuando es necesario, sino de dar tiempo para
escuchar, razonar y en su momento, opinar o actuar.
En nuestras relaciones con la familia, se requiere
dominar el carácter, las pasiones y altibajos
de humor. Ser pacientes en familia es fruto del amor
y la humildad. La paciencia ayuda a tener buena comunicación,
resolver conflictos, logrando afianzar el amor y la
armonía familiar. No debemos fingir paciencia,
es decir, aparentar escuchar sin alterarse, buscando
escapar de la situación lo más rápido
posible sin herir. El amor es paciente. Dios nos da
ejemplo. Nos invita a superar nuestras debilidades,
y nos da las armas necesarias para hacerlo, habiéndonos
enviado a su propio Hijo.
Prudencia
“Sean, pues, prudentes como serpientes y sencillos
como palomas” (Mt 10, 16-18). Nuestro Señor
nos invita a fijarnos en los animales que miden sus
movimientos por instinto, pero nosotros debemos utilizar
la razón para vivir la prudencia. Los actos
prudentes incluyen el ejercicio de la voluntad para
realizar lo decidido. La prudencia es la capacidad
de discernir en la toma de nuestras decisiones. La
prudencia no consiste sólo en abstenerse de
actuar sino proceder cuando el bien así lo
requiere. Esta virtud gobierna a todas las demás.
La prudencia, como virtud infusa es un don de Dios,
pero requiere ser ejercitada para crecer y desarrollarse.
Los padres pueden empezar a educar a sus hijos en
la prudencia ayudándoles a pensar antes de
actuar en las consecuencias de su conducta. Hay que
educar a los hijos en la prudencia ante todo con el
ejemplo, pero conviene ayudarles a pensar, con preguntas:
¿qué pasará si vas a esa fiesta?,
¿qué pasa si no terminas tu tarea?,
¿es bueno hacer tal o cual cosa?, y ¿por
qué?, ¿piensas que esto es lo que Dios
quiere? Luego habrá que motivarles a llevar
a cabo lo decidido, reconociendo sus buenas acciones.
Finalmente, hay que enseñar a los hijos a contar
con la ayuda de Dios para actuar prudentemente, sabiendo
que la gracia de Dios facilita el actuar correctamente.
4. Caso o hecho de
vida
La torre de control de cualquier aeropuerto del mundo
manda en los aviones que le piden instrucciones; pues
en el curso del viaje muchos datos son imprevisibles.
Los pilotos hacen caso de esta información,
sea cual sea su experiencia, horas de vuelo, entereza
de ánimo y el conocimiento de la ruta. La torre
conoce el estado de la pista de aterrizaje, la dirección
del viento, etc. Y tiene informes de otros centros
meteorológicos, de aviones en vuelo, conoce
las dificultades que han tenido otros al aterrizar
en aquellas condiciones, etc. Ningún piloto
que acude por radio a la torre se siente lesionado
en su libertad. El piloto sabe que la torre le suministra
una claridad de la que depende su vida y la de sus
acompañantes. Tan importante es el pronóstico
de la torre que su utilización es obligatoria
en todos los vuelos del mundo. Cualquier otra conducta
sería irresponsable.
5. Reflexión
y diálogo
• ¿La fortaleza en tu vida es para los
demás un ejemplo a imitar?
• ¿Si tu cónyuge tiene un defecto
o actitudes que te molestan, cómo tratarías
este tema con él (ella)?
• ¿Favoreces en tus hijos situaciones
para que aprendan a escuchar y a observar? ¿Ayudas
a tus hijos a jerarquizar sus actividades de tal manera
que atiendan aquellas que más requieren atención?
¿Si tu hijo (a) contesta con groserías,
es agresivo en sus actitudes, cómo manejarías
esta situación?
6. Textos de apoyo
“El que quiere permanecer fiel a las promesas
de su bautismo y resistir las tentaciones debe poner
los medios para ello: el conocimiento de sí,
la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones
encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos,
la práctica de las virtudes morales y la fidelidad
a la oración. ‘La castidad nos recompone;
nos devuelve a la unidad que habíamos perdido
dispersándonos’ (S. Agustín conf.
10, 29; 40)” (C.I.C. 2340). “El dominio
de si es una obra que dura toda la vida. Nunca se
la considerará adquirida de una vez para siempre.
Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de
la vida (cf tt 2, 1-6). El esfuerzo requerido puede
ser más intenso en ciertas épocas, como
cuando se forma la personalidad, durante la infancia
y la adolescencia” (C.I.C. 2342).
“Hombre moderado
es el que es dueño de sí mismo. Aquel
en el que las pasiones no consiguen la superioridad
sobre la razón, sobre la voluntad y también
sobre el «corazón». ¡El hombre
que sabe dominarse a sí mismo! Si es así,
nos damos cuenta fácilmente del valor fundamental
y radical que tiene la virtud de la templanza. Ella
es justamente indispensable para que el hombre «sea
plenamente hombre». (…) «ser hombre»
significa respetar la dignidad propia, y por ello,
entre otras cosas, dejarse guiar por la virtud de
la templanza.” (Juan Pablo II, Alocución
del 22-XI-1978).
7. Síntesis
conclusiva
• Proporcionar a los hijos posibilidades no
sólo para que hagan cosas con esfuerzo, sino
para que aprendan a resistir en caminos de mejora
que suponen un esfuerzo continuado.
• Enseñar qué cosas valen la pena,
permiten crecer, apoyan la personalidad y así
ser personas capaces de vivir lo que dicen y lo que
piensan: ser congruentes.
• Los padres deben recordar la necesidad de
la superación personal, ejemplo para los hijos
y el propio bien.
8. Compromiso
• Tener una actitud vigilante para no dejarse
llevar por la ley del mínimo esfuerzo.
• Poner los medios para hacer que el empeño
por mejorar sea atractivo a la propia voluntad.
9. Oración final
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo
y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que
tu gracia guíe a los pensamientos y las obras
de los esposos hacia el bien de sus familias y de
todas las familias del mundo, que cada familia humana
sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo,
Jesucristo, "nacido de Mujer", y del Espíritu
Santo, fuente de caridad divina. Haz que las jóvenes
generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo
para su humanidad y su crecimiento en la verdad y
en el amor. Haz que el amor, corroborado por la gracia
del sacramento del matrimonio, se demuestre más
fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis,
por las que a veces pasan nuestras familias. Tú,
que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad
del Hijo y del Espíritu Santo. (Oración
a la familia de Juan Pablo II).
10. Glosario
• Infusa (o): De infundir. Don comunicado por
Dios al alma.
11. Bibliografía
• Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución
Pastoral Gaudium Et Spes (Sobre la Iglesia en el mundo
actual). 1965.
• Catecismo de la Iglesia Católica.
• Sagrada Congregación para la Educación
Católica, Orientaciones Educativas sobre el
amor humano. 1983.
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