PORTAL OFICIAL DEL VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS, ENERO 13 AL 18, 2009, CIUDAD DE MEXICO

LA FAMILIA FORMADORA EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS

SUBSIDIOS FORMATIVOS DE PREPARACIÓN

TEMA 05
LOS VALORES DEL ESPÍRITU:


Estado de Gracia, Fe, oración, vida espiritual,
santidad, apertura a la vocación de los hijos.


Objetivo:
• Dones sobrenaturales: Fe, Esperanza y Caridad.
• Los sacramentos, fuente de Gracia. Gracias del sacramento del matrimonio.
• La respuesta en familia: Escuela de oración y vida sacramental.

1. Oración
Jesús, que nuestra familia sea un fiel reflejo de tu Sagrada Familia de Nazaret viviendo la vida espiritual que tuviste con José y María, y enséñanos a orar y vivir en santidad. Amén.

2. Lectura bíblica
“Salió y, como de costumbre, fue al Monte de los Olivos; los discípulos le siguieron. Llegando al lugar les dijo “Pidan que no caigan en tentación”. Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya.” (San Lucas 22, 39-43).

3. Desarrollo del Tema
Los valores del espíritu abren a la trascendencia más elevada, por tanto, son los valores que nos abren al trato con Dios.

Estado de Gracia. La Gracia es un don de Dios que recibimos en el Bautismo gratuitamente a través de los méritos de Jesucristo, quien con su muerte y resurrección nos devolvió la vida sobrenatural. En Cristo redentor y salvador, la imagen de Dios en el hombre ha sido restaurada y ennoblecida. El estado de gracia es estar en amistad con Dios. Perdemos nuestro estado de gracia cuando pecamos. Dios lo restaura por medio de la oración y el sacramento de la confesión. Todos los hombres somos llamados a un mismo fin que es Dios. El cristiano realiza su vocación dentro de la Iglesia en comunión con todos los bautizados.

La Fe. La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. La fe hace posible el contacto con Dios, y por ella vemos todo como con sus ojos. La fe es apoyarse en Dios, en su poder infinito y en su amor ilimitado revelado en Jesucristo. La madurez en la fe se da a través del cumplimiento de la Voluntad de Dios. Si nuestra fe no es una adhesión llena de amor a la Voluntad de Dios, es debido a que es una fe débil, que se derrumba ante las dificultades, que inevitablemente se presentan en nuestras vidas. Una fe auténtica nos permite sufrir, luchar, caer y levantarnos, sobrellevando con alegría las cruces que impliquen la fidelidad a Cristo. La familia cristiana ha sido llamada, “Iglesia Doméstica”, por ser una comunidad de fe, esperanza y caridad. La familia es la principal transmisora de la fe. En el seno de la familia se enseña a orar, a conocer la Palabra de Dios y a vivir todas las virtudes, especialmente la caridad. Dado que la fe tiene una dimensión comunitaria, la familia cristiana está llamada a ser evangelizadora en la sociedad que la rodea.

La Oración. La oración cristiana es una relación entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida al Padre, en unión con el Hijo de Dios hecho hombre. La oración es un diálogo personal con Dios, como entre un padre y un hijo, o dos amigos. Es necesario amar la oración, anhelar los ratos de diálogo con Él. La oración es cristiana porque nos une a Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. La oración es parte esencial de nuestra formación como cristianos; promueve la fe, cultiva el amor y nutre la esperanza. La oración en el hogar hace de las familias pequeñas iglesias. Dios llama al ser humano y la oración surge en él como respuesta a Dios. El corazón amoroso y humilde se vuelve una morada de Dios y se encuentra con el Creador. La oración nos obtiene las gracias necesarias para alcanzar la salvación eterna. Los apóstoles, al contemplar a Jesús, desearon aprender cómo orar. Cristo nos enseñó el Padre Nuestro que es el compendio de toda oración. En él se resume todo el Evangelio: pedimos todo lo que podríamos desear con rectitud y en el orden que conviene pedirlo, enseña cómo dirigirnos a nuestro Padre, con toda confianza, dignifica nuestra vida reconociendo la Divinidad y Santidad de nuestro Padre, da la llave para obtener vida eterna, haciendo la Voluntad del Padre, enseña a amar, a perdonar y a orar.

Vida Espiritual. La vida de oración es el fundamento de toda vida espiritual. La vida espiritual es la unión personal y constante con Dios. Es la identificación de corazón con la Voluntad de Dios, teniendo los mismos sentimientos de Cristo. La vocación del cristiano se realiza a través de la vida espiritual. Los sacramentos promueven la vida espiritual y ayudan a seguir el ejemplo de Jesucristo. Para la vida espiritual es indispensable la Celebración Eucarística, centro de la vida cristiana; y fortaleza para construir la familia en Cristo. La lectura de la Biblia hecha con constancia nos hace crecer en la vida espiritual. La devoción a Nuestra Madre Santísima es un elemento básico para perseverar en la vida espiritual. El Rosario es la devoción por excelencia a la Virgen, especialmente en familia, así como el Ángelus. El progreso en la vida espiritual es un camino de perfección que todos los cristianos estamos llamados a seguir. Es el camino de la santidad.

La Santidad. Pensamos a veces, que la santidad es privilegio de pocos elegidos o los llamados a consagrar su vida a Dios. Ser santo es la misión de cada cristiano. A través del Bautismo hemos sido llamados a la santidad que es la presencia de Dios en el corazón del creyente. Todos los fieles cristianos, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. El camino de la santidad de los cristianos comienza en los deberes diarios y en la familia, con pequeños actos de amor, en el matrimonio, el sacerdocio, la vida religiosa, el trabajo, el descanso, la escuela, etc. La Santidad en el cristiano es obra de Jesús que nos enseña a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Cristo, a través de su Iglesia, nos guía en el camino de la santidad. Si aceptamos la santidad y el camino al que estamos llamados como la voluntad de Dios en nuestras vidas, buscaremos permanecer en estado de Gracia.

Apertura a la Vocación. En la Iglesia, todos tienen una vocación. La vocación a la santidad en el matrimonio, es fundamental para que surjan familias que formen cristianos íntegros para la Iglesia y la sociedad. Por otra parte, Cristo, por amor, elige a algunos hombres y mujeres y les invita a que le acompañen y colaboren estrechamente con Él en su misión redentora. De modo especial usamos la palabra “vocación” cuando nos referimos a las personas llamadas a la vida sacerdotal o consagrada. Si un joven advierte en su conciencia que Dios le llama a ser sacerdote o a la vida religiosa está experimentando el llamado de Cristo a sus primeros discípulos: “Yo los haré pescadores de hombres” (Lc. 5,10). El discernimiento vocacional se realiza en el marco de la oración, de la escucha a la voz del Espíritu Santo en la conciencia, de la vida sacramental, de la entrega al apostolado y de la sincera apertura al querer de Dios sobre la propia vida. Es de gran ayuda la guía de un confesor o director espiritual competente. También es muy importante el respeto y el apoyo familiar hacia este discernimiento.

4. Caso o hecho de vida
La familia Rodríguez aprendió a vivir en la fe desde sus abuelos, misma que supo inculcar y vivir con sus hijos. La vida de oración floreció como algo natural en su hogar, haciendo a Dios un habitante más en su casa, rezaban el rosario en familia, oraban en la mañana y en la noche, participaban en la vida parroquial, extendiendo más allá del núcleo familiar su testimonio de amor, paz interior, de alegría y de felicidad. Todo esto llevó a un testimonio vivo de fe, para que con una gran generosidad, amor y aceptación, florecieran dos vocaciones a la vida religiosa y otra al matrimonio en su familia.

5. Reflexión y diálogo
• ¿Como vivimos la fe en la familia? ¿Oramos juntos en familia? ¿Practicamos los valores espirituales en nuestra familia?
• ¿Estamos conscientes de que Dios quiere que cada uno de nosotros sea santo?
• ¿Nos mantenemos en estado de gracia (asistiendo a misa, confesándonos, comulgando, cumpliendo los mandamientos)?
• Si Dios llamara a uno de mis hijos a la vida religiosa: ¿apoyaría a mi hijo?

6. Textos de apoyo
“El Señor Jesús que pasó por la tierra haciendo el bien y anunciando la Palabra, dedicó por el impulso del Espíritu muchas horas a la oración, hablando al Padre con filial confianza e intimidad incomparable y dando ejemplo a sus discípulos, a los cuales expresamente enseñó a orar. El cristiano, movido por el Espíritu Santo, hará de la oración motivo de su vida diaria y de su trabajo; la oración crea en él una actitud de alabanza, de agradecimiento al Señor, le aumenta la Fe, lo conforta en la esperanza activa, lo conduce a entregarse a los hermanos y a ser fiel en la tarea apostólica, lo capacita para formar comunidad. La familia cristiana, evangelizada y evangelizadora, debe seguir el ejemplo de Cristo orante. Así, su oración manifiesta y sostiene la vida de la Iglesia doméstica en donde se acoge el germen del Evangelio que crece para capacitar a todos los miembros como apóstoles y hacer de la familia un núcleo de evangelización.” (III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina, Puebla, 1979. No. 932 y 933).

“En virtud de su dignidad y misión, los padres cristianos tienen el deber específico de educar a sus hijos en la plegaria, de introducirlos progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios y del coloquio personal con Él: «Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracia y los deberes del sacramento del matrimonio, importa que los hijos aprendan desde los primeros años a conocer y a adorar a Dios y a amar al prójimo según la fe recibida en el bautismo». [Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (Sobre la misión de la familia cristiana en el mundo de hoy), No. 37. 1981].

7. Síntesis Conclusiva
• Los valores del espíritu, nos conducen a llevar una vida sobrenatural, una vida en amistad y comunión con Dios. Nos hacen participantes activos de la Iglesia.
• Los valores del espíritu dan fruto en la comunidad cristiana haciéndonos apóstoles del Evangelio y participantes de la misión salvadora de Nuestro Señor Jesucristo.
• Los valores del espíritu nos ayudan a que la familia sea semillero de vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada, y a la santidad en la vida matrimonial.
• Fomentar y vivir los valores del espíritu conduce a la santidad a la que somos llamados.

8. Compromiso
• Dar testimonio de vivir la fe con alegría, que facilite la práctica de la vida espiritual.
• Asistir a Misa los domingos y confesarnos frecuentemente para vivir en gracia.
• Acercar a los hijos a la oración en familia y a la participación en nuestra parroquia.
• Encomendarnos a Nuestra Madre Santísima mediante el rezo del Rosario para que Dios Nuestro Señor pueda bendecir nuestro hogar con vocaciones.

9. Oración final
Virgen María, ayúdanos a dar testimonio de fe, oración y santidad, para que nuestra familia y muchas más, conozcan y amen a tu Hijo Jesucristo para que Él reine en el mundo entero.

10. Glosario
• Sacramento: Signo sensible instituido por Cristo para darnos eficazmente la gracia.
• Discernimiento: Búsqueda del bien a través del examen de las situaciones humanas personales y externas.
• Fe: Absoluta confianza en la fidelidad de Dios y amante obediencia a su voluntad.
• Vocación: Es el llamado de todo cristiano a reproducir la imagen de Cristo.

11. Bibliografía
• Juan Pablo II. Carta a las Familias.1994.
• Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (Sobre la misión de la familia cristiana en el mundo de hoy). 1981.
• Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte al Episcopado al Clero y a los Fieles al concluir el Gran Jubileo del año 2000.

 
 
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