LA FAMILIA FORMADORA
EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS
SUBSIDIOS FORMATIVOS
DE PREPARACIÓN
TEMA 05
LOS VALORES DEL ESPÍRITU:
Estado de Gracia, Fe, oración, vida espiritual,
santidad, apertura a la vocación de los hijos.
Objetivo:
• Dones sobrenaturales: Fe, Esperanza y Caridad.
• Los sacramentos, fuente de Gracia. Gracias
del sacramento del matrimonio.
• La respuesta en familia: Escuela de oración
y vida sacramental.
1. Oración
Jesús, que nuestra familia sea un fiel reflejo
de tu Sagrada Familia de Nazaret viviendo la vida
espiritual que tuviste con José y María,
y enséñanos a orar y vivir en santidad.
Amén.
2. Lectura bíblica
“Salió y, como de costumbre, fue al Monte
de los Olivos; los discípulos le siguieron.
Llegando al lugar les dijo “Pidan que no caigan
en tentación”. Se apartó de ellos
como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba
diciendo “Padre, si quieres, aparta de mí
esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya.”
(San Lucas 22, 39-43).
3. Desarrollo del Tema
Los valores del espíritu abren a la trascendencia
más elevada, por tanto, son los valores que
nos abren al trato con Dios.
Estado de Gracia. La Gracia es un
don de Dios que recibimos en el Bautismo gratuitamente
a través de los méritos de Jesucristo,
quien con su muerte y resurrección nos devolvió
la vida sobrenatural. En Cristo redentor y salvador,
la imagen de Dios en el hombre ha sido restaurada
y ennoblecida. El estado de gracia es estar en amistad
con Dios. Perdemos nuestro estado de gracia cuando
pecamos. Dios lo restaura por medio de la oración
y el sacramento de la confesión. Todos los
hombres somos llamados a un mismo fin que es Dios.
El cristiano realiza su vocación dentro de
la Iglesia en comunión con todos los bautizados.
La Fe. La fe es la virtud teologal
por la que creemos en Dios y en todo lo que Él
nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos
propone, porque Él es la verdad misma. La fe
hace posible el contacto con Dios, y por ella vemos
todo como con sus ojos. La fe es apoyarse en Dios,
en su poder infinito y en su amor ilimitado revelado
en Jesucristo. La madurez en la fe se da a través
del cumplimiento de la Voluntad de Dios. Si nuestra
fe no es una adhesión llena de amor a la Voluntad
de Dios, es debido a que es una fe débil, que
se derrumba ante las dificultades, que inevitablemente
se presentan en nuestras vidas. Una fe auténtica
nos permite sufrir, luchar, caer y levantarnos, sobrellevando
con alegría las cruces que impliquen la fidelidad
a Cristo. La familia cristiana ha sido llamada, “Iglesia
Doméstica”, por ser una comunidad de
fe, esperanza y caridad. La familia es la principal
transmisora de la fe. En el seno de la familia se
enseña a orar, a conocer la Palabra de Dios
y a vivir todas las virtudes, especialmente la caridad.
Dado que la fe tiene una dimensión comunitaria,
la familia cristiana está llamada a ser evangelizadora
en la sociedad que la rodea.
La Oración. La oración
cristiana es una relación entre Dios y el hombre
en Cristo. Es acción de Dios y del hombre;
brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida
al Padre, en unión con el Hijo de Dios hecho
hombre. La oración es un diálogo personal
con Dios, como entre un padre y un hijo, o dos amigos.
Es necesario amar la oración, anhelar los ratos
de diálogo con Él. La oración
es cristiana porque nos une a Cristo y se extiende
por la Iglesia que es su Cuerpo. La oración
es parte esencial de nuestra formación como
cristianos; promueve la fe, cultiva el amor y nutre
la esperanza. La oración en el hogar hace de
las familias pequeñas iglesias. Dios llama
al ser humano y la oración surge en él
como respuesta a Dios. El corazón amoroso y
humilde se vuelve una morada de Dios y se encuentra
con el Creador. La oración nos obtiene las
gracias necesarias para alcanzar la salvación
eterna. Los apóstoles, al contemplar a Jesús,
desearon aprender cómo orar. Cristo nos enseñó
el Padre Nuestro que es el compendio de toda oración.
En él se resume todo el Evangelio: pedimos
todo lo que podríamos desear con rectitud y
en el orden que conviene pedirlo, enseña cómo
dirigirnos a nuestro Padre, con toda confianza, dignifica
nuestra vida reconociendo la Divinidad y Santidad
de nuestro Padre, da la llave para obtener vida eterna,
haciendo la Voluntad del Padre, enseña a amar,
a perdonar y a orar.
Vida Espiritual. La vida de oración
es el fundamento de toda vida espiritual. La vida
espiritual es la unión personal y constante
con Dios. Es la identificación de corazón
con la Voluntad de Dios, teniendo los mismos sentimientos
de Cristo. La vocación del cristiano se realiza
a través de la vida espiritual. Los sacramentos
promueven la vida espiritual y ayudan a seguir el
ejemplo de Jesucristo. Para la vida espiritual es
indispensable la Celebración Eucarística,
centro de la vida cristiana; y fortaleza para construir
la familia en Cristo. La lectura de la Biblia hecha
con constancia nos hace crecer en la vida espiritual.
La devoción a Nuestra Madre Santísima
es un elemento básico para perseverar en la
vida espiritual. El Rosario es la devoción
por excelencia a la Virgen, especialmente en familia,
así como el Ángelus. El progreso en
la vida espiritual es un camino de perfección
que todos los cristianos estamos llamados a seguir.
Es el camino de la santidad.
La Santidad. Pensamos a veces, que
la santidad es privilegio de pocos elegidos o los
llamados a consagrar su vida a Dios. Ser santo es
la misión de cada cristiano. A través
del Bautismo hemos sido llamados a la santidad que
es la presencia de Dios en el corazón del creyente.
Todos los fieles cristianos, de cualquier estado o
condición, son llamados a la plenitud de la
vida cristiana y a la perfección de la caridad.
El camino de la santidad de los cristianos comienza
en los deberes diarios y en la familia, con pequeños
actos de amor, en el matrimonio, el sacerdocio, la
vida religiosa, el trabajo, el descanso, la escuela,
etc. La Santidad en el cristiano es obra de Jesús
que nos enseña a amar a Dios sobre todas las
cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
Cristo, a través de su Iglesia, nos guía
en el camino de la santidad. Si aceptamos la santidad
y el camino al que estamos llamados como la voluntad
de Dios en nuestras vidas, buscaremos permanecer en
estado de Gracia.
Apertura a la Vocación. En
la Iglesia, todos tienen una vocación. La vocación
a la santidad en el matrimonio, es fundamental para
que surjan familias que formen cristianos íntegros
para la Iglesia y la sociedad. Por otra parte, Cristo,
por amor, elige a algunos hombres y mujeres y les
invita a que le acompañen y colaboren estrechamente
con Él en su misión redentora. De modo
especial usamos la palabra “vocación”
cuando nos referimos a las personas llamadas a la
vida sacerdotal o consagrada. Si un joven advierte
en su conciencia que Dios le llama a ser sacerdote
o a la vida religiosa está experimentando el
llamado de Cristo a sus primeros discípulos:
“Yo los haré pescadores de hombres”
(Lc. 5,10). El discernimiento vocacional se realiza
en el marco de la oración, de la escucha a
la voz del Espíritu Santo en la conciencia,
de la vida sacramental, de la entrega al apostolado
y de la sincera apertura al querer de Dios sobre la
propia vida. Es de gran ayuda la guía de un
confesor o director espiritual competente. También
es muy importante el respeto y el apoyo familiar hacia
este discernimiento.
4. Caso o hecho de vida
La familia Rodríguez aprendió a vivir
en la fe desde sus abuelos, misma que supo inculcar
y vivir con sus hijos. La vida de oración floreció
como algo natural en su hogar, haciendo a Dios un
habitante más en su casa, rezaban el rosario
en familia, oraban en la mañana y en la noche,
participaban en la vida parroquial, extendiendo más
allá del núcleo familiar su testimonio
de amor, paz interior, de alegría y de felicidad.
Todo esto llevó a un testimonio vivo de fe,
para que con una gran generosidad, amor y aceptación,
florecieran dos vocaciones a la vida religiosa y otra
al matrimonio en su familia.
5. Reflexión y diálogo
• ¿Como vivimos la fe en la familia?
¿Oramos juntos en familia? ¿Practicamos
los valores espirituales en nuestra familia?
• ¿Estamos conscientes de que Dios quiere
que cada uno de nosotros sea santo?
• ¿Nos mantenemos en estado de gracia
(asistiendo a misa, confesándonos, comulgando,
cumpliendo los mandamientos)?
• Si Dios llamara a uno de mis hijos a la vida
religiosa: ¿apoyaría a mi hijo?
6. Textos de apoyo
“El Señor Jesús que pasó
por la tierra haciendo el bien y anunciando la Palabra,
dedicó por el impulso del Espíritu muchas
horas a la oración, hablando al Padre con filial
confianza e intimidad incomparable y dando ejemplo
a sus discípulos, a los cuales expresamente
enseñó a orar. El cristiano, movido
por el Espíritu Santo, hará de la oración
motivo de su vida diaria y de su trabajo; la oración
crea en él una actitud de alabanza, de agradecimiento
al Señor, le aumenta la Fe, lo conforta en
la esperanza activa, lo conduce a entregarse a los
hermanos y a ser fiel en la tarea apostólica,
lo capacita para formar comunidad. La familia cristiana,
evangelizada y evangelizadora, debe seguir el ejemplo
de Cristo orante. Así, su oración manifiesta
y sostiene la vida de la Iglesia doméstica
en donde se acoge el germen del Evangelio que crece
para capacitar a todos los miembros como apóstoles
y hacer de la familia un núcleo de evangelización.”
(III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
La Evangelización en el presente y en el futuro
de América Latina, Puebla, 1979. No. 932 y
933).
“En virtud de su dignidad
y misión, los padres cristianos tienen el deber
específico de educar a sus hijos en la plegaria,
de introducirlos progresivamente al descubrimiento
del misterio de Dios y del coloquio personal con Él:
«Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida
con la gracia y los deberes del sacramento del matrimonio,
importa que los hijos aprendan desde los primeros
años a conocer y a adorar a Dios y a amar al
prójimo según la fe recibida en el bautismo».
[Juan Pablo II. Exhortación Apostólica
Familiaris Consortio (Sobre la misión de la
familia cristiana en el mundo de hoy), No. 37. 1981].
7. Síntesis Conclusiva
• Los valores del espíritu, nos conducen
a llevar una vida sobrenatural, una vida en amistad
y comunión con Dios. Nos hacen participantes
activos de la Iglesia.
• Los valores del espíritu dan fruto
en la comunidad cristiana haciéndonos apóstoles
del Evangelio y participantes de la misión
salvadora de Nuestro Señor Jesucristo.
• Los valores del espíritu nos ayudan
a que la familia sea semillero de vocaciones a la
vida sacerdotal y consagrada, y a la santidad en la
vida matrimonial.
• Fomentar y vivir los valores del espíritu
conduce a la santidad a la que somos llamados.
8. Compromiso
• Dar testimonio de vivir la fe con alegría,
que facilite la práctica de la vida espiritual.
• Asistir a Misa los domingos y confesarnos
frecuentemente para vivir en gracia.
• Acercar a los hijos a la oración en
familia y a la participación en nuestra parroquia.
• Encomendarnos a Nuestra Madre Santísima
mediante el rezo del Rosario para que Dios Nuestro
Señor pueda bendecir nuestro hogar con vocaciones.
9. Oración final
Virgen María, ayúdanos a dar testimonio
de fe, oración y santidad, para que nuestra
familia y muchas más, conozcan y amen a tu
Hijo Jesucristo para que Él reine en el mundo
entero.
10. Glosario
• Sacramento: Signo sensible instituido por
Cristo para darnos eficazmente la gracia.
• Discernimiento: Búsqueda del bien a
través del examen de las situaciones humanas
personales y externas.
• Fe: Absoluta confianza en la fidelidad de
Dios y amante obediencia a su voluntad.
• Vocación: Es el llamado de todo cristiano
a reproducir la imagen de Cristo.
11. Bibliografía
• Juan Pablo II. Carta a las Familias.1994.
• Juan Pablo II. Exhortación Apostólica
Familiaris Consortio (Sobre la misión de la
familia cristiana en el mundo de hoy). 1981.
• Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo
Millennio Ineunte al Episcopado al Clero y a los Fieles
al concluir el Gran Jubileo del año 2000.
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