PORTAL OFICIAL DEL VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS, ENERO 13 AL 18, 2009, CIUDAD DE MEXICO

La familia, formadora de valores

Hablar de la familia como formadora de valores hace referencia a una serie de acciones que implican todo un proceso orientado a lograr una definición, una configuración, una firmeza y una perfección en cada una de las personas que conforman la familia, procedimientos que permiten alcanzar una mayor reciedumbre y un mejor ‘acabado’.

Es universalmente aceptado que la persona se configura, especialmente en los primeros años de su vida, en el seno de la propia familia; aquí es donde la familia tiene un lugar insustituible en la formación de la personalidad humana y cristiana de las personas. El momento histórico que vivimos nos señala cómo la familia ha abdicado de su propio ser y de su misión de formar a las personas, con las consecuencias que conocemos de relativismo, subjetivismo, sensualismo y carencia de valores en la sociedad.

Los valores tienen como escena natural la vida cotidiana. Es muy importante comprender este escenario real de los valores familiares. Por eso mismo, la vida familiar es la profunda y constante ocasión real, el vasto horizonte de la más excelente aventura humana, que no es otra, al fin, que el amor verdadero, bueno y bello, como el más elevado valor. Por eso, la familia tiene una importante y significativa misión: ser formadora de valores.

Los valores definen la ‘cualidad’ de las personas, no sólo desde el punto de vista moral, sino también ontológico. Los valores se identifican con las virtudes. La virtud implica una fuerza, un vigor y una valía para actuar con integridad y rectitud en función de un logro de vida. Los valores tienen por eso una riqueza y una jerarquía que enriquecen a las personas en diferentes dimensiones:

Humanamente. La naturaleza humana tiene unos fines, y cuando se consiguen, el hombre alcanza su perfección o plenitud. La naturaleza humana consta de dos elementos, uno natural y otro racional. Los valores hacen referencia a la totalidad de la persona. Aquí caben los aspectos psicológicos y sociológicos. El enfoque psicológico estudia, por ejemplo, el modo de ser de la persona (sus facultades, sus talentos, sus motivaciones, etc.) y determina no sólo cómo “son” los actos humanos, sino cómo “deben ser”. Es decir, se va configurando el ‘deber ser’ de la persona. La reflexión sobre los valores es también “ciencia de comportamientos sociales”. Efectivamente, hay muchas y variadas conductas sociales que se van formando en la familia. Aquí se enfocan las relaciones de un “yo” con otro “yo” teniendo en cuenta su dignidad de personas.

Espiritualmente. La persona es una totalidad biológica y espiritual (inteligente y libre) que tiende a su fin último mediante el desarrollo armónico de sus facultades. De ahí que abarque otros ámbitos: Los deberes de la persona relativos a su espíritu (formación o cultura de la inteligencia y de la voluntad) y los deberes de la persona relativos a su Creador (culto interior o religión).

Este tema se relaciona y continúa el tema del V Encuentro Mundial de Familias en Valencia, sobre la educación de la fe en la Familia. Si tenemos en cuenta que el Cristiano hoy tiene que ser verdadero discípulo y misionero en la Iglesia y en el mundo, nuestro tema se relaciona directamente con el tema de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, entendida la familia también como formadora de Discípulos y Misioneros.

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